Sunday, February 3, 2013

Reflexión en torno al film "La muerte de un burócrata"


Dejando atrás la sinopsis y la crítica, cuanto puedo añadir en reflexión  acerca del film "La muerte de un burócrata"  es que me comunica un gesto de denuncia llena de ironía y sazonada de humor, acerca de la imbecilidad humana, que en este caso es resultante cuando los principios se vuelven tiranos; cuando el orden, la ley y la administración para lograr objetivos y metas se transforman en lo más importante y aun por encima de su razón de ser, como lo son las propias necesidades de los seres humanos. 

Las escenas y peripecias de los personajes, ambientados en la Cuba de un estrenado Fidel Castro y de un conglomerado social  en reciente entrada al socialismo, nos remiten a otra realidad, la nuestra, la capitalista, la que conocemos bien; y 47 años después de salido el film a la luz, todavia nos grita con sonido de alarma (y de qué manera) que la burocracia denigra a las personas; que es una lacra social que no debiera existir en la praxis marxista ¡pero existe! y que tampoco es raro advertirla en estas latitudes supuestamente democráticas y libres. Grito vigente ése. Después de cinco décadas de sordera, de un no escuchar ni atender a nadie, pareciera ser la admirable tónica del individualismo postmodernista  que cada vez más se ha ido acrecentando. Está presente en  religión, en  política, en el lugar de trabajo y en los servicios mas sencillos de cada uno de nuestros santos días, sea por ejemplo, en el supermercado, o en el negocio de comidas rápidas, o en las oficinas para reclamar una factura con  exceso de consumo de luz o de agua.

¿Y en las bibliotecas? ¿Podría haber señales de burocracia y sordera en las bibliotecas? Lo será cuando ya no haya tiempo ni de mostrarte  el libro que solicitas porque..."¡Bendito,  ya son las cinco y estamos cerrando!". Ese es el mensaje que capto y que llevo a mi labor como profesional de la información. Muy lamentable sería que en vez de estar basados en las personas y adiestrados para atender de manera rápida y amable a los usuarios,  nuestro potencial  se abocara hacia todo lo contrario, no a resolver problemas sino a agrandarlos. Al fin, con un comportamiento semejante lograremos que cualquiera que esté afectado y harto  termine diciendo "es la última vez que vengo a este lugar".

En "La muerte de un burócrata", el personaje principal (Juanchín, sobrino del difunto, Paco) asesina al administrador del cementerio por causa de la desesperación. Ha pasado largas jornadas intentando conseguir el carnet de su tio, documento que le daría a la viuda la pensión correspondiente. El problema reside en que un comité de reconocimiento de la obra y trabajo de Paco resolvió que al fallecido se lo enterrara con dicho carnet. Querer obtenerlo y contribuir así con su tia política le vuelve cuadritos la vida a Juanchín,  abrumado por la actitud inflexible y prepotente del burócrata administrador del cementerio, en un sistema  ineficaz a la enésima potencia, tal que uno se torna solidario con el personaje, no obstante que él esté peleado con lo rigurosamente ético.

Cuántos de nosotros habremos sido Juanchines en alguna(s) circunstancia(s), asesinando en la imaginación a uno de esos empleados públicos inoperantes, que por descortesía y abuso ha despertado en nosotros la molestia y hasta el llanto, al sentirnos impotentes. En cortas palabras, esta película es el espejo de cuerpo entero de lo que no debiera ser una administración, ya sea en una unidad de información, ya sea en una empresa, en un organismo o en una institución cualquiera. ¿Por qué siempre querer poner a la gente en su sitio en vez de uno ponerse en el lugar de la gente? ¿Por qué ser más contradictorios que iniciadores? Esa mala costumbre de algunos mortales, de hacerle a los demás lo que por amor propio no aceptarían que les hicieran a ellos mismos.

Ver película en:  http://vimeo.com/18810677

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